El secreto del tiempo

El despertar de la mente

Cuando nos entiendas

 

La humanidad (H): ¿Qué quieres de nosotros?

El tiempo (T): Que comprendáis el verdadero valor de lo verdaderamente importante.

H: ¿Según tú?

T: Tan desconfiados como siempre, no me sorprende, jaja.

H: A ver, la vida ya es de por sí sufrientemente dolorosa, como para ir dando palos de ciego.

T: ¿Sigues sin pillarlo verdad?

H: Pues sí. A ver, ilústrame.

T: No necesito hacerlo, tú te darás cuenta con mi paso: madurez, decisiones, sufrimiento emocional etc. Tenéis razones de sobra para odiarme y lo comprendo, pero muchas veces os dais cuenta cuando es demasiado tarde.

H: ¿Darnos cuenta de qué?

T: ¿Te has levantado espeso hoy? A ver presta atención por favor.

H: Lo intento, pero vas con ese rollo de superioridad y me confundes.

T: jaja vale, lo siento. Me cuesta empatizar con vosotros a veces. Tan sólo intento ayudar, lo prometo.

 

 

Inciso de unos minutos, ambos interlocutores se miran fijamente y esquivan sus miradas de manera cómplice y síncrona, como evitándose mutuamente. Hay una tensión inherente entre ellos pero la ignoran, como si no formara parte de su relación, pero ahí está, haciendo mella en su devenir.

 

H: ¿Pues seguir con tu explicación por favor?

T: Por supuesto.

H: Quiero aprender de verdad, quiero hacerlo mejor, pero ya sabes, se hace cuesta arriba en algunas ocasiones y cuesta ver entre tanta distracción.

T: La cuestión no es ver, sino observar.

H: O sea que el problema es el prisma con el que ves lo que pasa.

T: Más o menos, ya lo vas pillando.

H: Y entonces, ¿cuál es el siguiente paso?

T: Parar.

H: ¿Parar para qué?

T: Para respirar.

H: Madre mía, te haces de rogar.

T: ¿De verdad no lo ves?

H: Paro, respire, y me siento mejor.

T: Cojonudo, ¿y luego?

H: Sigo haciendo cosas, es lo que quiero hacer.

T: ¿Para qué?

H: Para sentirme útil y aportar valor al mundo.

T: No, si eso está muy bien, ¿pero lo tienes claro ya?

H: ¿Por qué tienes tanta prisa para que llegue a tus conclusiones? Como si esto fuera una carrera, me estás estresando.

T: Tienes razón, lo siento. Ha sido un poco paradójico o irónico, aún no lo tengo claro. Vas bien encaminado, pero a veces te obcecas en hacer, hacer y hacer. Pasa tu vida rápido y cuando estás al borde de la desaparición, ya sabes.

H: ¿Me arrepiento?

T: Entre otras cosas, pero sí.

H: Me doy cuenta tarde de lo realmente importante.

T: !!!POR FIN!!!

H: ¿Qué es lo realmente importante? Dime la verdad.

T: 3 Cosas:

  1. La verdad es diferente para cada persona, debes hallar tu propia verdad.
  2. Las cosas importantes de la vida, las que son insustituibles, varían de una persona a otra. Hay que mirar hacia adentro para descubrirlas y priorizarlas.
  3. Sigues obsesionado con que los demás te solucionen la papeleta y eso, tan sólo refuerza tu dependencia de los demás.

H: Vaya, menudo repaso.

T: ¿Te ha gustado eh?

H: Sí, nada mal para empezar.

T: El tema es que a ti se te acaba el tiempo, es raro que yo lo diga jaja.

H: ¿Cómo puedo remediarlo?

T: Quizá ya sea irreversible.

H: No me jodas.

T: A ver, va siendo hora de responsabilizarse de los actos y sus consecuencias.

H: aún creo que hay esperanza, creo que si vamos todos a una, podremos lograrlo.

T: Puede.

H: Qué derrotista.

T: No, es solo que a veces uno se cansa de esperar.

H: Pensaba que tan solo eras un ente cuántico sin forma y un poco tocapelotas.

T: Parte de razón hay en eso, pero esa no es la cuestión.

H: ¿y cuál es en realidad? Vale, vale, no me lo digas, creo que lo puedo adivinar.

T: (suspiro) A ver por dónde sales ahora.

H: Aprender de los errores y hacerlo mejor.

T: Bingo.

H: Voy a empezar ya.

T: Sé tú el cambio que quieres ver en los demás.

H: Qué ocurrente estás.

T: A veces vosotros también soltáis alguna que otra perla de sabiduría.

H: Gracias de verdad, ha sido realmente esclarecedor.

T: Un empujoncito de vez en cuando no viene mal, ha estado curioso.

H: De todas formas, ¿esto lo has hecho antes?, quiero decir, ¿hace milenios con otro humano?

T: Esa respuesta la dejaremos para otra conversación. Céntrate en lo tuyo.

H: Vale, lo dejaremos en manos de la vida.

T: Mejor así.

H: Voy a dejar de creer en ti, siento que me limitas demasiado.

T: Guau, eso no me lo esperaba, pero es tu decisión y la respeto.

H: Qué considerado, gracias. Espero no volver a saber de ti más en que contadísimas ocasiones.

T: Veremos.

H: No, observaremos 😉

 

¡Empieza tu propio camino hoy!