Lo peor y lo mejor de la humanidad

El despertar de la mente

Hombre: mentira y egoísmo.

Transitamos por el sendero anárquico y quimérico de la realidad, hacemos lo mejor que podemos con lo poco que creemos saber. Conforme vamos tomando decisiones o, mejor dicho, ellas nos van eligiendo a nosotros, vamos trazando un camino de rosas, lágrimas y empeños a través de milenios de cosecha. El progreso nos empuja y nos manipula, el tiempo nos agrede y nos transforma, el amor nos sana y nos esclaviza, el ego nos tiraniza y nos paraliza, el poder nos corrompe y marchita, el dinero nos seduce y enloquece, el deseo nos drena y conduce a mareas de desecho. La sensibilidad nacida entre espadas, conforma necesidad de emociones gestionadas. La realidad nos cuelga entre gafas peladas. El pasado supone una herencia envenenada que nos condena a la generalización. El presente nos desgrana indemne sin razón. El futuro se nos presenta incierto mientras surfeamos entre continentes de miedo, oscuridad, ambiciones e insensibilidad. Somos el escudo de las malvadas perlas de la fe en su peor momento de atrocidad, más unidos junto a su maternal corazón, lograremos vencer al veneno destructor de la realidad.

Mujer: miedo y venganza.

Nacemos bajo senos de amor, abuso o control. El miedo se instala en nuestro ser, anhelamos aceptación y respeto. Obtenemos superficialidad como objetos. Nuestra biología nos recuerda nuestra opción de destino. Aprendemos a la fuerza que la resiliencia no es una decisión, sino un camino. Algunas perdemos lo que nos es más querido, fruto del amor supremo. Otras sentimos el aplastante e inconcebible peso del patriarcado. Algunas sorteamos la violencia y caemos presas del amor en su mejor complacencia. Verdad y redención se configuran en nuestro seno, encontramos miradas llenas de ambición y consuelo. Vivimos la familia a golpes de diamante y sustento. La naturaleza nos devuelve la serenidad perdida. La actualidad nos brilla a través de la búsqueda de autoconocimiento. La realidad no se puede esconder a nuestra visión transgredida. El pasado nos acuchilla, pero aguantamos los azotes. El presente nos tortura por sexo, género o condición. El futuro sabe a losas superficiales envueltas en codicia, malicia, rencor, ansiedad y corazón. Somos la esperanza de humanidad, la lente que vislumbra eones de naturaleza y realidad.

Hombre: altruismo y sabiduría.

El género/sexo masculino tiene la potencialidad de crear universos gracias a su disciplinada constancia. Pasamos por muchas penurias que configuran nuestra mente. Sorteamos los incisos a golpe de latido y lágrimas de henchido. La maldad puede nacer, pero hay que elegir ser siervos de la luz. Hacer lo correcto nos impulsa hacia adelante, a veces cuesta, a veces su precio es impagable, pero merece la pena por el avance de la humanidad. Liberados fisiológicamente del lastre de la paternidad, opción aturdida por la libertad, caminamos indecisos por el filo del esfuerzo descomunal. Inteligencias emocionales resuenan en paz, son las bases de la concordia mundial.

Mujer: amor y sanación.

La mujer tiene la luz brillante de la humanidad en su seno. Tiene la capacidad ilimitada de irradiar amor de la forma más pura e incondicional que el universo ha presenciado jamás. Ellas son la motivación férrea de la proactividad, carga y legado de igualdad. Se despojan de su ego por una curiosidad fugaz. Se elevan a través de las inadvertidas praderas de la humildad y con su sacrificio y bondad, sanan las heridas de la precariedad. A veces personifican la fe, otras sueñan con volar, otras cumplen sus promesas y generan millones de sonrisas y buena voluntad. Su aspiración es ilimitada y su perspectiva y razón para sobresalir, les acompaña. Su mirada conecta naturalezas y misterios, sus atributos generan nutrición y aliento.

¡Empieza tu propio camino hoy!