El poder de la melodía

El despertar de la mente

¿Cuál es la diferencia entre oír y escuchar?

Oímos el aleteo de un pájaro volando sobre nuestras cabezas en una cálida tarde de verano, oímos el claxon del autobús mientras esperamos que llegue en una fría mañana de invierno, oímos como caen las gotas de lluvia mientras deambulamos por una extraña noche de mediados de septiembre, oímos el timbre de casa mientras apuramos las últimas gotas de aceite en una sartén mientras nos preparamos un desayuno completo…

Escuchamos a nuestra madre como nos pregunta qué hemos comido mientras nos provoca empatía a través de su preocupación, escuchamos una canción de rock and roll mientras vamos en el coche de camino al trabajo y nos embarga una sensación de poder, escuchamos un te quiero de los labios de esa persona amada y sentimos como la felicidad empieza a anidar en nuestra piel, escuchamos cómo llora un amigo mientras nos cuenta sus problemas y nos fundimos con él en un abrazo de complicidad, escuchamos la dulce simetría de las olas al romper contra la orilla y esa dulce melodía nos calma como ninguna mirada lo ha hecho jamás, escuchamos un ladrido de un pequeño perro por la calle y e inmediatamente, nos transporta a nuestra niñez cuando jugábamos con ése pastor alemán que nos llenaba la cara de lametones y veíamos la felicidad al jugar mientras movía su cola al son del movimiento…

 

| La diferencia entre oír y escuchar, es la atención |

 

Podemos escuchar a nuestra mente y obtendremos un día a día conviviendo con nosotros mismos y, por tanto, unos resultados. O, por el contrario, podemos escuchar a nuestro cuerpo, darle lo que necesita y saborearemos otros resultados muy diferentes.

Escuchar música clásica, por supuesto, focalizada en distintos ámbitos de la vida y sus consecuentes tareas, se ha demostrado científicamente que ayuda al procesamiento cognitivo en algunas habilidades humanas. Aunque también existen artículos que tanto alaban, como denostan el efecto beneficioso de la música de Mozart (efecto Mozart), sí podría resultar beneficioso durante el proceso de gestación de un nonato e incluso, en etapas perinatales. Por otra parte, no sólo se ha demostrado que provoca la aparición, mantenimiento o transición de algunas emociones, sino que también se ha visto relacionada con el mejoramiento del insomnio, el afrontamiento eficiente ante algunas patologías y la capacidad para mejorar la memoria a corto plazo y el aprendizaje de idiomas.

El nacimiento de las emociones

La música es una extensión del ser humano, una consecuencia de toda vida orgánica en la tierra, una bendición para la entropía de la mente…

Especialmente relevante en la etapa vital en la cual, nuestra personalidad está en pleno proceso de deconstrucción para su posterior, construcción. En dicho período, recurrimos a la música para aliviar tensiones, para encontrar un refugio emocional, para sentirnos acompañados ante los incesantes “ataques” de la realidad, para acompañar a la tristeza o melancolía tras un desengaño amoroso, para reforzar nuestra efímera alegría, para sentir por unos segundos que la fuerza incesante de la vida no nos aplasta, para sobrevivir a la insensible entropía mental (pensamientos negativos) que puede tener el potencial de destrozarnos…

La mediodía armónica de la música (no cualquier tipo de música), ayuda a aportar orden a los pensamientos que inevitablemente se ciernen sobre el fluyo de nuestra consciencia, nos guste o no. Curiosamente, se produce un fenómeno extraño: cuando nos encontramos tristes, recurrimos a música emocional con carga melancólica bien sea a través del piano, violín o autores cuya temática sea el amor (en su vertiente trágica), sin embargo, olvidamos ponernos música alegre cuando estamos tristes para combatir nuestro bajo estado de ánimo con buena música.

La melodía de la esperanza

A veces olvidamos el verdadero poder que tiene la música sobre nuestra propia biología como seres humanos. En la etapa adulta, llena de responsabilidades, deseos, esperanzas, tiempo etc., también resulta claramente evidente la influencia abismal que tiene la música en nuestro día a día. Escojamos el ejemplo del momento del día, en el cual, nos estamos dando una ducha. Puede que sea al inicio de nuestra jornada, para empezar el día con alegría o al finalizarla, para descargar toda la tensión acumulada y relajar nuestro cuerpo y mente para llegar a la cama, lo más relajados en la medida de lo posible. Durante ese momento, en el cual, el agua cae sobre nuestro cuerpo, resulta muy sencillo, ni siquiera prestar atención a la música que nos hemos puesto para que nos distraiga, sino dejarnos arrastrar por la avalancha de pensamientos que nos sitúan en algún momento del día, en algún conflicto del pasado o en un momento futuro en el cual, vayamos a preparar la cena.

La importancia de focalizar la atención sobre lo que es verdaderamente importante, puede cambiarnos la vida. Depende del tipo de decisiones que tomemos y los caminos que elijamos.

La música, puede ser ese compañero inseparable en los días de vida, en las aventuras de juventud, en las tardes de té y tertulia, en los juegos del colegio, en las madrugadas de pasión, en las noches de estudio, en los mediodías de pesca…

Toda música que proviene del cuerpo merece nuestra atención plena (mindfulness): el latido del corazón, el rugir de nuestro estómago, el crujir de la rodilla, el contoneo del cuello, el eco producido por los espasmos de la pelvis, el sonido que emana de nuestras cuerdas vocales…

Cuando escuchamos la música de nuestro cuerpo, prestamos atención a nuestra persona. Conectamos con la esencia de nuestro ser, favorecemos la espiritualidad y sus múltiples beneficios. La música es el vehículo del alma, démosle el espacio que se merece.

 

 

Bibliografía

 

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