Muchísimos recuerdos hermosos se acumulan en la memoria acerca del verano: noches interminables a la fresca, besos fortuitos, turismo rural y sus maravillas naturales, viajes improvisados, nuevos trabajos, vivencias que nos cambian la vida etc.
Cuando antes lo hacíamos…
Tras pasar unos meses muy duros en torno a todas las restricciones y desastres que han envuelto al covid-19, no sólo hemos aprendido a cocinar y a cantar en balcones. Sino que acumulamos un sentimiento de nostalgia por la libertad que nos otorgaba el verano y lo que podíamos hacer antaño. Pero, por otro lado, el hecho de vernos obligados a vivir encerrados nos empujaba a sacar la cabeza por la ventana.
Ahora mismo, en pleno inicio del verano, explotan los viajes, las reuniones sociales, las fiestas, los grupos de aprendizaje etc. Y es que en España somos muy sociales y nos tira demasiado la terracita con los colegas y los planes entre dunas y playas.
Infinidad de posibilidades
Qué sensación tan refrescante cuando conoces a gente nueva con la que compartes puntos de vista, hobbies, ideas laborales, planes de futuro, experiencias vividas, inseguridades, problemas etc.
Esa casualidad que te hace pensar: «no sólo yo me siento así» y luego, vienen las sonrisas al atardecer y las complicidades que tan solo el tiempo define su duración. Compartir tu tiempo haciendo lo que amas con gente que quieres es el mayor de los placeres. Muchas veces pienso que hay días que he disfrutado tanto que para mí valen como 100 días grises en los que hago siempre lo mismo.
Marcando el ritmo
Del pasado aprenderé, el presente lo viviré al máximo y al futuro miraré con esperanza. Todo lo que vivas en tu vida te definirá como persona y tan sólo de ti depende que lo aprendas o no.
Por mi parte, tengo claro que quiero vivir una vida digna de ser vivida. Y tú? ¿Te atreves a vivir tus sueños?