¿Qué nos está pasando desde hace tiempo? Desde luego antecedentes no nos faltan: falta de privacidad en RRSS, robos, violaciones, agresiones en las noticias, que vayamos a utilizar servicios públicos y nos falten al respeto, acosos tanto sociales como de compañías de telefonía y así un larguísimo etc.
Desde hace mucho tiempo hemos caído en la individualidad, el desprecio de lo nuevo en favor de lo de siempre, las miradas de desconfianza, las cogidas fuertes de los efectos personales por si…
Y luego…
Tampoco ayuda el hecho de hayamos pasado más de 1 año con la nueva pandemia entre nosotros y que toda la población tenga que vivir detrás de una máscara. Triste observar cómo las personas de apartan unas de otras al ir por la cera, aguantan la respiración tras pasar al lado o huyen por miedo a contagiarse.
¿Cuál ha sido el resultado? El que cabría esperar tras tan perpetuación de tantos desastres día tras día: la pérdida de la confianza en los demás.
Las vivencias que nos cambian
Está claro que algunas veces depositamos nuestra confianza en personas que luego nos fallan y terminamos pensando que la confianza da asco. Pero la base de una buena relación con una persona es la confianza, sin ella no hay nada.

Cuando conoces a una persona hay muchos factores que entran en juego para que llegues a fiarte de esa persona. La otra cara de la moneda la escribe la experiencia. Cuando has tenido relaciones durante mucho tiempo comprendes que las mejores relaciones de amistad, de pareja o de familia son las que se nutren de tiempo de calidad con el paso de los años y de una comunicación fluida.
Es entonces cuando comprendes quién merece tu tiempo y quién no, a qué personas de tu mundo debes tu energía y atención y cuáles no.
Estaremos ahí para tí
A pesar de todas las cosas malas que hemos hecho como especie y las que seguimos haciendo, aún tengo fe en la humanidad y en su bondad y capacidad de reciclaje.
Estamos hartos falsedades y mentiras, somos imperfectos y lo sabemos. Quién tiene boca se equivoca y dos no discuten si uno no quiere. Con todo esto pretendo decir que queremos más autenticidad y menos filtros de imagen, queremos más sonrisas y menos miradas al suelo, queremos más abrazos que estremecen el alma y menos «mañana nos vemos» y luego que no aparezcas.
La vida es efímera y nuestro tiempo como seres vivos se consume en un suspiro, por tanto, démonos permiso para ser quiénes somos y dar nuestra confianza. Al final, de los errores es lo que más aprendemos y valdrá la pena arriesgarnos para adentrarnos en otros corazones.
Hay quien siempre verá los 1000 errores y quien se esforzará por descubrir las 1000 + 1 soluciones. ¿Quién quieres ser tú?