¿Por qué no queremos a quién nos quiere?

El despertar de la mente

Es curioso como el tiempo y nuestras decisiones nos va definiendo conforme avanzamos en la vida. Esta mañana leía una frase tal que así: “la vida es el arte de dibujar sin borrar”. Cuán importante son las decisiones que tomamos en la vida dentro de una infinidad de posibilidades ante cualquier elección que hacemos. Es como si fuéramos avanzando por una tela de millones de hilos, nosotros con nuestro día a día, vamos recorriendo un hilo y cada decisión importante en la vida nos hace cambiar de hilo de manera consecutiva.

Cuando somos más jóvenes, nos creemos con el derecho de desperdiciar tiempo y energía porque no somos capaces de apreciar el verdadero valor de la vida y de que tiene un final. Cuando crecemos nos damos cuenta, gracias a los trompazos con los que vamos definiendo nuestra existencia, que para bien o para mal, ser adulto, significa hacerse cargo de las consecuencias de las decisiones que tomamos.

Pocas cosas nos cambian la vida tanto y a tantos niveles, como el amor. Sigo pensando que el amor es la “asignatura pendiente” del ser humano. Qué fácil es confundir apego con amor y qué fácil es caer en la dependencia emocional hacia una persona que nos importa de verdad.

Lo hicimos lo mejor que supimos

Recientemente, tuve una paciente adulta, casada y con dos hijas, con la cuál conversaba acerca de las relaciones de pareja y los problemas que tenía con su actual marido. Problemas que llevan arrastrando años y por lo que, como no podía ser de otra manera, les hicieron vivir el aspecto más doloroso de la dependencia emocional. Cuando tengo pacientes adolescentes, les intento comunicar la importancia de aprender a quererse a uno mismo primero, para poder querer bien a los demás.

Volviendo a mi paciente, esta mujer comprometida y decidida a tener una mejor vida a partir de ahora; me decía que últimamente había retomado el contacto con un antiguo amor del pasado. Este hombre, que en su momento quería tener una relación estable con ella, pero ella no quiso estar con él por diversos motivos. Sin embargo, a día de hoy, al verle felizmente casado y con dos hijos, ella argumentaba amargamente que debería haberse casado con él entonces y que, no entendía como había podido rechazarle entonces.

La pregunta que lo desencadenó todo

De la mejor manera que supe, le explique a la mujer que ya no era la misma persona que cuando tenía veinte años y que ahora, tenía una sabiduría que le permitiría tomar decisiones desde una sensatez más madura. Que no tenía ningún sentido que se victimizara o se reprochara por no haber elegido a esa persona en vez de a su actual marido.

De repente, con una cara que reflejaba inocencia y tristeza, me preguntó: ¿por qué no queremos a quién nos quiere? No supe responder inmediatamente, porque la gravedad de la pregunta me obligaba a reconsiderar lo que sabía sobre las relaciones de pareja y el verdadero peso de las decisiones que tomamos con respecto a personas que amamos. Cuando recuperé la compostura, entendí que esa pregunta no tiene una respuesta correcta ni incorrecta, sino que depende de cada cual, entender en qué punto de nuestra vida estamos y tener claro qué queremos.

Otro momento impactante de la sesión vino cuando le hice la misma pregunta que me había hecho a mí. A lo que ella respondió: “yo no lo quería tanto a él como él a mí”. Esa respuesta fue toda una declaración de intenciones para la mujer y vino a refrescar la moraleja de la sesión: de nada sirve que nos torturemos por algo que no podemos cambiar, sino que lo verdaderamente importante es lo que vamos a hacer a partir de ahora.

Más aún, no tiene nada que ver lo que queremos, con lo que necesitamos. Hacer esa distinción en relación a lo que deseamos en cada momento de nuestra vida, nos puede ahorrar más de un disgusto.

Quiero vs necesito

Si nos retrotraemos a la adolescencia, percibimos la realidad de una manera diferente a cuando somos adultos. Valoramos unas cosas distintas y priorizamos unas cosas frente a otras. Resultaría frecuente y comprensible que, desde ese punto de vista, pensáramos que esa persona que quería amarnos a través de una relación de pareja, no fuera suficiente para nosotros. O que pensáramos que podríamos elegir a alguien mejor por nuestra belleza, estatus, intelecto, prioridades, expectativas…

Lo que puede que no viéramos en aquél entonces, era que el tiempo pasaría y que, sino tomábamos esas decisiones, al final, ellas decidirían por nosotros. O lo que es peor aún, acabaríamos viviendo una vida que se esperaba que viviéramos o lo que se suponía que teníamos que hacer para ser felices.

En este punto de tu vida, puedes querer ir de viaje, conseguir un trabajo mejor, ahorrar para unas vacaciones, hacer un curso de cocina, arreglar la relación con tu familia etc. Puedes necesitar tener más tiempo para ti, hacer las paces con tu pasado, que tu hijo saque mejores notas o que tu jefe te hable mejor en la oficina… Resulta de vital importancia diferenciar lo urgente de lo prioritario.

El poder de las decisiones

Lo que tanto la pregunta como la reflexión de esta paciente me han enseñado, es que rara vez se presenta el mismo tipo de persona dos veces en la vida y que en el momento tuviste tu oportunidad. Sino la aprovechaste, deberás convivir con ello te guste o no. Puede que ese momento no fueses capaz de ver lo que deberías haber visto o valorado, pero como se suele decir, los trenes en la vida pasan y tú decides si te subes a ellos o los dejas escapar.

¡Empieza tu propio camino hoy!