por El despertar de la mente | 7 Jul 2025 | Blog
Cada día somos más conscientes de cómo es la realidad. En estos momentos en los que vivimos, sabemos que la alimentación está corrompida en los supermercados con productos llenos de estabilizantes, ultra procesados y sustancias químicas que dañan nuestro cuerpo y que por comodidad y precio reducido, seguimos consumiendo.
No es una novedad que los medios de comunicación nos manipulan a través del miedo, así como las redes sociales nos incitan a la dependencia y al consumismo. Así como la publicidad etc.
Que todo esto sirva de ejemplo para lo que quiero remarcar hoy: el poder de las palabras.
No es casualidad que muchísimas parejas que van a terapia por problemas de toda índole, vienen con ideas pre concebidas de lo que “debería ser” o como “tendría que comportarse” mi pareja o “cuando hay amor es para siempre”…
La realidad que hay detrás
Lo que sucede es que la ficción pone en tela de juicio a la realidad. Esta “visión” de la pareja y las relaciones muchas veces se encuentra en un “condicionamiento” que todos hemos recibido a través de las películas de Disney (las antiguas), mucha cinematografía actual de películas románticas y de comedia romántica en la que nos enseñan lo bonito que es el amor, que todo lo puede y que podemos llegar a ser la “pareja perfecta”.
Películas, series de televisión o canciones de música en la que se sobrevalora la superficialidad como la belleza externa, el dinero o patrimonio, el estatus social o el rendimiento sexual, sin parar a valorar otras cosas mucho más importantes como la salud mental, los valores o la bondad de la persona.
¿Qué sucede con estas palabras o ese mensaje que se transmite?
Que termina creando en nuestra cabeza un “ideal” de amor y pareja que nada tiene que ver con la realidad. Y por desgracia, eso conlleva inevitablemente el sufrimiento y el malestar, así como relaciones de dependencia emocional y toxicidad.
Dos palabras con un gran poder
En este contexto, hay dos palabras que se repiten hasta la saciedad en infinidad de películas, series y canciones de todo el mundo y que, causan un gran daño sin que nos demos cuenta.
Veamos la primera de ellas, la omnipresente CULPA.
Frases míticas como “tú tienes la culpa de…” o “yo tengo la culpa de que esto haya pasado” son el padre nuestro de cada película en la que haya alguna relación de amor, algún momento de comedia e incluso acción y suspense.
Pero, si a una persona le hace sentir mal cuando alguien que quiere le dice “esto pasado por culpa tuya”, es aún peor cuando tú te lo dices a ti mismo o a ti misma.
Porque en ese preciso instante, estás invocando una toxicidad emocional compleja de revertir.
¿Qué significa esto? Pues que tú te digas a ti mismo que has tenido un resultado que no te gustaba y aceptas que es por “culpa” tuya, lo primero que vas a sentir es un remordimiento enorme y una sensación de no poder hacer nada. Como si tu cabeza se fuera hacia el pasado al momento en que metiste la pata y creyeras de verdad que no puedes hacer nada.
¿Y qué puedo hacer para remediarlo?
Dejar de usar la palabra “culpa” diariamente y cambiarla por RESPONSABILIDAD. Cuando empieces a usar esta maravillosa y eficiente palabra, te darás cuenta de que te sientes mucho mejor e inmediatamente, te pones en una situación de querer solucionar el problema, NO DESDE EL AUTO REPROCHE, sino desde la madurez y la voluntad de hacerlo mejor la próxima vez.
La otra palabra es NECESIDAD. A todas horas escuchamos en el trabajo, en casa, con nuestros amigos o en las noticias la clásica frase o sentencia de “yo necesito esto para…”. Ahora que estos en verano, es súper fácil escuchar la frase mítica de “necesito más dinero para irme de vacaciones” o “buff, necesito un par de días libres para descansar” o “necesito una casa para ser feliz”.
Estas afirmaciones problemáticas e injustas, aunque creamos que son inocentes y que con ellas estamos manifestando un deseo o sueño por cumplir, en realidad lo que estamos solicitando es una carencia en nivel constante.
Sucede lo mismo que con las quejas y la gratitud. La primera de ellas reclama la carencia y la segunda, la abundancia.
En este caso, como sugerencia, es mucho más saludable borrar de nuestro diccionario mental la palabra NECESIDAD y sustituirla por otras como algunas que vamos a exponer a continuación a modo de ejemplos:
- Me hace falta un poco más de dinero para ir de vacaciones.
- Estaría bien tener dos días más de descanso.
- Para mi actual estilo de vida, me voy a sentir más independiente cuando consiga mi casa.
Como siempre digo, no se trata de hacer milagros ni de cambiar de la noche a la mañana, se trata de hacer un cambio de un 1% cada día, paso a paso y poco a poco.
por El despertar de la mente | 3 Abr 2025 | Blog
Me gusta mucho leer. Diferentes temáticas, historias y personajes que me aporten y sobre todo, que me hagan reflexionar.
Un hobby barato y prácticamente ilimitado.
Recientemente me he topado con un libro diferente a los que suelo leer habitualmente y que me ha hecho plantearme muchas cosas desde mi trabajo como Sexólogo. Una lectura que bajo mi punto de vista está recomendada para aquellas personas que tengan la mente abierta y ganas de explorar y explotar su sexualidad como les venga en gana.
La joya en cuestión es Follar y Comer sin culpa, de la autora colombiana María del Mar Ramón, donde en esta obra usa su desnudez emocional, espiritual y vital para ofrecernos una experiencia cruda, necesaria, inmersiva y profundamente humana llena de sufrimiento, descubrimiento y placer con culpa y sin ella, orgasmos liberadores de la opresión de una sociedad que se pasa de patriarcal y retrógrada en ocasiones.
Hace un tiempo estuve reflexionando acerca de la responsabilidad sexual, pero de vez en cuando, apetece volver a sacar el tema a la superficie, porque la vida lo exige y porque por lo visto, hablar de esto de manera natural aún no es lo normal, y debería serlo.
Voy a hablarte de ése encuentro sexual. Tan deseado como placentero. Tan tensionado como ansiógeno. Tan divertido como oportunidad para desconectar de tu vida y la misma para conectar con la persona con la que estás teniendo sexo, sea cual sea la postura, color o preferencia amorosa y de placer llevada a la práctica.
Hay que reivindicar que ¡¡¡A TOMAR POR SACO!!! los estereotipos ni los «es lo que toca» o «esto tienes que hacerlo así porque es lo que hay» a la hora de echar un polvo, follar o tener una relación sexoafectiva. Resulta indiferente si es un encuentro de una noche con un/a desconocido/o, si es un polvo con un/a follamigo/a, si se trata de una relación sexual con una pareja etc. En el sexo todo está permitido, pero no todo consentido.
Ahí quería llegar, a una expresión que debería dejar de serlo, para convertirse en una realidad:
Responsabilidad Sexual
No es algo baladí, ni innecesario, ni trivial… A menos que volvamos a querer tener un sexo mecánico, intrascendente, violento y sin cuidado ninguno.
Cualquier encuentro en el que se dé una unión genital debe ser y debe tener unas premisas para llegar a ser liberador y placentero y que no se quede en la esfera de tuve sexo por miedo o sin ganas o por complacer.
Dejaros de rollos porque no hemos nacido para ser el objeto sexual de nadie.
Bajo mi humilde punto de vista, estos puntos son los que deberían incluir una responsabilidad sexual sana y libre que florezca en cualquier relación sexual en la que primen el deseo, el consentimiento y la libertad de opinión y preferencias.
- Comunicación en todo momento de que es lo que nos gusta y cómo quiero que tú me lo hagas (Y PEDIRLO).
- Respeto máximo a la persona y a su cuerpo, priorizando tener sexo sin causar ningún tipo de dolor físico ni emocional.
- Uso de medidas anticonceptivas que garanticen el placer y la libertad por encima de cualquier miedo.
- Promover un clima de confianza entre ambas personas para experimentar lo que ambos deseen vivir.
- Buscar el consentimiento real y libremente expresado por ambas partes para tener esa relación sexual.
- Cuidado de la esfera de intimidad y privacidad que se crea entre ambas partes.
- Jamás supeditar el deseo sexual de la otra persona por encima del propio.
- Restringir al máximo el consumo y uso de pornografía y objetos como el satisfyer que pueden llegar a bloquear y condicionar la experiencia a un nivel mente-cuerpo.
En última instancia, que todos tengamos claro que el sexo no debería ser una moneda de cambio bajo ninguna circunstancia. En pleno siglo XXI no debemos permitir que esta maravillosa experiencia humana de crecimiento y comunicación se vea empañada por opresión, machismo, patriarcado, lo que se espera de ellos o de ellas, visiones envenenadas de lo que «debería ser» sexo que provienen del porno heteronormativo, las películas o las series de televisión, las revistas eróticas etc.
El sexo entre dos cuerpos, almas y seres humanos es una vía de expresión humana, cálida y placentera que debe ser respetada y cuidada. Es un lienzo en blanco para expresar emociones, conductas y preferencias sin ningún tipo de límite, tiempo ni condición.
Ha sido creado para ser disfrutado y gozado por todas y todos, sea cual sea nuestro sexo, género, problemas, inseguridades, preferencias, edad, etnia o condición.
Cómo dijo mi profesor de Lengua Castellana en el instituto: «follad follad, que el mundo se acaba».
Bueno no sé si se va a acabar, pero sí os recomiendo que tengáis tantas experiencias sexuales como deseéis y os apetezca tener y con quién deseéis.
por El despertar de la mente | 4 Dic 2024 | Blog
Cuando nos entiendas
La humanidad (H): ¿Qué quieres de nosotros?
El tiempo (T): Que comprendáis el verdadero valor de lo verdaderamente importante.
H: ¿Según tú?
T: Tan desconfiados como siempre, no me sorprende, jaja.
H: A ver, la vida ya es de por sí sufrientemente dolorosa, como para ir dando palos de ciego.
T: ¿Sigues sin pillarlo verdad?
H: Pues sí. A ver, ilústrame.
T: No necesito hacerlo, tú te darás cuenta con mi paso: madurez, decisiones, sufrimiento emocional etc. Tenéis razones de sobra para odiarme y lo comprendo, pero muchas veces os dais cuenta cuando es demasiado tarde.
H: ¿Darnos cuenta de qué?
T: ¿Te has levantado espeso hoy? A ver presta atención por favor.
H: Lo intento, pero vas con ese rollo de superioridad y me confundes.
T: jaja vale, lo siento. Me cuesta empatizar con vosotros a veces. Tan sólo intento ayudar, lo prometo.
Inciso de unos minutos, ambos interlocutores se miran fijamente y esquivan sus miradas de manera cómplice y síncrona, como evitándose mutuamente. Hay una tensión inherente entre ellos pero la ignoran, como si no formara parte de su relación, pero ahí está, haciendo mella en su devenir.
H: ¿Pues seguir con tu explicación por favor?
T: Por supuesto.
H: Quiero aprender de verdad, quiero hacerlo mejor, pero ya sabes, se hace cuesta arriba en algunas ocasiones y cuesta ver entre tanta distracción.
T: La cuestión no es ver, sino observar.
H: O sea que el problema es el prisma con el que ves lo que pasa.
T: Más o menos, ya lo vas pillando.
H: Y entonces, ¿cuál es el siguiente paso?
T: Parar.
H: ¿Parar para qué?
T: Para respirar.
H: Madre mía, te haces de rogar.
T: ¿De verdad no lo ves?
H: Paro, respire, y me siento mejor.
T: Cojonudo, ¿y luego?
H: Sigo haciendo cosas, es lo que quiero hacer.
T: ¿Para qué?
H: Para sentirme útil y aportar valor al mundo.
T: No, si eso está muy bien, ¿pero lo tienes claro ya?
H: ¿Por qué tienes tanta prisa para que llegue a tus conclusiones? Como si esto fuera una carrera, me estás estresando.
T: Tienes razón, lo siento. Ha sido un poco paradójico o irónico, aún no lo tengo claro. Vas bien encaminado, pero a veces te obcecas en hacer, hacer y hacer. Pasa tu vida rápido y cuando estás al borde de la desaparición, ya sabes.
H: ¿Me arrepiento?
T: Entre otras cosas, pero sí.
H: Me doy cuenta tarde de lo realmente importante.
T: !!!POR FIN!!!
H: ¿Qué es lo realmente importante? Dime la verdad.
T: 3 Cosas:
- La verdad es diferente para cada persona, debes hallar tu propia verdad.
- Las cosas importantes de la vida, las que son insustituibles, varían de una persona a otra. Hay que mirar hacia adentro para descubrirlas y priorizarlas.
- Sigues obsesionado con que los demás te solucionen la papeleta y eso, tan sólo refuerza tu dependencia de los demás.
H: Vaya, menudo repaso.
T: ¿Te ha gustado eh?
H: Sí, nada mal para empezar.
T: El tema es que a ti se te acaba el tiempo, es raro que yo lo diga jaja.
H: ¿Cómo puedo remediarlo?
T: Quizá ya sea irreversible.
H: No me jodas.
T: A ver, va siendo hora de responsabilizarse de los actos y sus consecuencias.
H: aún creo que hay esperanza, creo que si vamos todos a una, podremos lograrlo.
T: Puede.
H: Qué derrotista.
T: No, es solo que a veces uno se cansa de esperar.
H: Pensaba que tan solo eras un ente cuántico sin forma y un poco tocapelotas.
T: Parte de razón hay en eso, pero esa no es la cuestión.
H: ¿y cuál es en realidad? Vale, vale, no me lo digas, creo que lo puedo adivinar.
T: (suspiro) A ver por dónde sales ahora.
H: Aprender de los errores y hacerlo mejor.
T: Bingo.
H: Voy a empezar ya.
T: Sé tú el cambio que quieres ver en los demás.
H: Qué ocurrente estás.
T: A veces vosotros también soltáis alguna que otra perla de sabiduría.
H: Gracias de verdad, ha sido realmente esclarecedor.
T: Un empujoncito de vez en cuando no viene mal, ha estado curioso.
H: De todas formas, ¿esto lo has hecho antes?, quiero decir, ¿hace milenios con otro humano?
T: Esa respuesta la dejaremos para otra conversación. Céntrate en lo tuyo.
H: Vale, lo dejaremos en manos de la vida.
T: Mejor así.
H: Voy a dejar de creer en ti, siento que me limitas demasiado.
T: Guau, eso no me lo esperaba, pero es tu decisión y la respeto.
H: Qué considerado, gracias. Espero no volver a saber de ti más en que contadísimas ocasiones.
T: Veremos.
H: No, observaremos 😉
por El despertar de la mente | 29 Nov 2024 | Blog
1. “No valgo. No tengo experiencia. No tengo suficiente formación. No soy conocido”:
Es el llamado síndrome del impostor en cualquiera de sus variantes. y desmontarlo es tan sencillo como “dejar de compararnos con las referencias de nuestro sector y compararnos con los novatos. El síndrome del impostor también se combate pensando que lo que uno sabe es suficiente para ayudar a otros, ese es un buen argumento del que tirar porque ayudar a otros siempre ayuda en la propia evolución”.
2. “Tiene que estar perfecto”:
El perfeccionismo es otro gran aliado de la zona de confort precisamente porque cometer errores forma parte de salir de ella. “Venimos de un sistema educativo en el que los errores se ven como un fracaso y no como una oportunidad de aprendizaje así que muy pocas personas se atreven a meter la pata. En el mundo de la empresa está asumido que el que emprende se va a equivocar, solo que el error se asocia con el aprendizaje y no con el fracaso”, indica.
3. “Ya he conseguido mucho”:
El conformismo es otro freno y Navarro asegura que “se retroalimenta con los dos anteriores. Tendemos a ser reactivos en lugar de proactivos algo que no nos permite avanzar porque reaccionar cuando llega el problema es haberse quedado en la zona de confort”.
4. “No quiero exponerme”:
El famoso miedo al éxito. “Nosotros no somos pioneros, pero habitualmente vemos que muchos emprendedores tienen ideas estupendas, sueñan con ellas, las cuentan, pero, a la hora de ponerse a actuar no están cómodos. El sueño, el plan les resulta cómodo, la acción no. De nuevo es la zona de confort la que está ganando el pulso. Hay que exponerse para salir de ella y no es sencillo. Da el paso y luego ve aprendiendo sobre la marcha.
5. “Estoy muy ocupado”:
Procrastinar es otra trampa habitual que se da en el mundo de la empresa y que puede extrapolarse a la esfera personal “tendemos a aplazar decisiones, somos perezosos para hacer cosas nuevas. Nos mantenemos atareados con asuntos que no son importantes para no afrontar lo que es útil e importante para que un proyecto avance y así, hemos estado ocupados, pero no hemos sido productivos”.
“Todo lo que esperas y deseas está al otro lado del miedo, lo que no estás eligiendo es tu zona de confort”.
por El despertar de la mente | 28 Nov 2024 | Búsqueda
- Nunca nos iremos a dormir estando enfadados, porque quizá mañana no despertemos.
- Promesa: al menos un día a la semana es para nosotros, por nuestra salud mental y la calidad de nuestra relación.
- Por el bien de nuestra relación, digámonos todo directamente, aunque duela. Es mejor una verdad que duela 5 minutos a una mentira que duela 10 años.
- No nos gritemos pase lo que pase. Aunque pensemos diferente, no nos dejemos llevar por la ira y los traumas, puede que digamos algo que ya no tenga vuelta atrás.
- Si uno de nosotros está pasando por un momento duro en su vida. El otro tiene que dar un paso adelante y ser el más fuerte en la relación.
- No expresemos nuestras discrepancias en público. Las personas malas se alimentan de nuestro conflicto.
- Digamos “te amo” cuando lo sintamos y demostrémoslo. No quiero que nos convirtamos en simples compañeros de piso.