La felicidad solo es real cuando es compartida
Todos somos diferentes, pero hay algo que nos une, nuestra humanidad. Desde que nacemos, necesitamos personas que nos alimenten y mantengan vivos, las raíces de nuestro ser. Cuando crecemos y nuestra visión se va haciendo más grande, ampliamos nuestro círculo que antaño se reducía a la familia de crianza.
Conocemos entonces a amigos, parejas, compañeros de trabajo etc. y si existen las casualidades y sabemos elegir bien, quizá nos encontremos y decidamos mantener en nuestras vidas a esa persona con la que te identificas al instante.
El tiempo es relativo y las oportunidades también
Conforme vamos haciéndonos mayores, comprendemos aquello que en la infancia no veíamos y en la adolescencia derrochábamos sin piedad: el valor del tiempo. Entendemos entonces que cada segundo cuenta y que nuestro paso por la existencia es tan limitado como valioso. Sólo hay un billete de ida, y como tal, está en nuestra mano aprovecharlo o no.
Soy de los que piensan que nada es para siempre y muchas cosas en la vida siguen un ritmo cíclico, es decir, que se repiten una y otra vez. A veces me he lamentado de haber dejado pasar oportunidad que quizá me hubiesen cambiado mi presente, pero puede que aquél entonces no supe verlas. De pronto entendí que todo llega a su debido tiempo, cuando el alumno está preparado de verdad, aparece el maestro.
¿Sin tiempo para vivir?
Tras enterarse del diagnóstico de VIH, Freddie Mercury, cantante de la banda de rock Queen, comprendió que su tiempo en la tierra de agotaba rápidamente y ése fue su punto de inflexión. Tras lo cual, vio su vida de otra manera y empezó entonces su camino hacia una relación más saludable y madura consigo mismo y con el mundo.
Por desgracia, a muchos nos sucede que necesitamos sufrir un trauma, herida, accidente o conflicto vital para ensanchar nuestra conciencia y observar mejor de lo que lo estábamos haciendo. Cómo suele decir Victor Küppers: lo más importante es que lo más importante sea lo más importante.
Mi tiempo lo viví con quién quería
Resulta irónico que nos esperemos a ser mayores o ancianos para tener más tiempo para nosotros mismos y sea entonces cuando menos tiempo tengamos para vivir como queremos. Decía un rapero alicantino: «El tiempo es un ladrón y el amor un accidente». Pues yo opino que tiene toda la razón, al final de nuestra existencia, tan sólo nos llevamos las experiencias vividas.
Ese tiempo de calidad que utilizamos para estar con las personas que realmente amamos y con las que compartimos las cosas que amamos hacer. Cuando a mi hermano y a mí nos dejamos llevar por el «fluir» de momento y nos ponemos a filosofar sobre la vida, le digo: «este día para mí equivale a 30 días grises». Esos días en los que me he dejado llevar por la rutina y todo sigue igual, a diferencia de los pocos y maravillosos días en los que me he sentido mucho más yo mismo haciendo lo que amo hacer con las personas que amo de verdad.
Empezamos a vivir…
Cuando trazamos nuestra propia hoja de ruta vital y estamos completamente alineados con quién de verdad somos, sin máscaras ni excusas. Abrazamos nuestra efímera existencia de diferente manera y le damos multitud de colores a nuestra aparente vida gris.
Gracias a todas aquellas personas que he tenido la gran fortuna de encontrarme y que me han enseñado su particular visión del mundo. A todas aquellas personas que ya no forman parte de mi vida que se dejaron el alma por ayudarme y a las que aún amo y respeto. Y especialmente, gracias a mi hermano por ser tú mismo y ayudarme a tu salvaje manera a que sea más yo mismo.





