por El despertar de la mente | 5 Ene 2024 | Blog
Para poder hablar de la inmadurez con propiedad, quizá deberíamos empezar a definir qué es la madurez en su vertiente psicológica y emocional. Según el portal del estudiante (Universidad Continental) estas son las características de una persona emocionalmente madura:
- Mantener la autodisciplina y la constancia.
- No dejarse llevar por la queja ni la culpa hacia demás de lo que le ocurre y buscar la mejor manera de afrontar las dificultades.
- Aceptar sus limitaciones propias y alejarse del perfeccionismo y la crítica sin fundamento.
- No castigarse por cometer errores, sino adoptar una actitud de evaluación y corrección.
- Asumir la responsabilidad frente a la consecuencia de los actos.
- Hacer las paces con el pasado.
- Tratarse con respeto y consideración.
- Dejar de someterse al juicio ajeno y valorar por sí mismo las cuestiones significativas de su vida de manera consecuente.
- Aprender de sus propios errores y actuar en consecuencia.
- Evitar victimizarse y tomar el control de la vida.
- Tomar decisiones teniendo en cuenta un análisis coherente de la situación y gestionar las emociones.
- Ser tolerante y flexible ante los cambios.
- Gestionar las dependencias emocionales.
- Actuar con empatía y respeto hacia los demás y hacia la propia persona.
En busca de la madurez
Al margen de lo que podríamos concebir como madurez emocional y psicológica, convertirse en una persona madura podría pasar por hacerse cargo de las consecuencias de las propias decisiones. Resulta muy tentador en una charla con amigos, fantasear con volver hacia atrás en el tiempo para poder cambiar los errores cometidos y así poder gozar de un presente más benevolente.
Lo que no tenemos en cuenta desde un aspecto emocional, si borráramos aquellos errores que cometimos en su momento, estaríamos borrando la sabiduría que nos ayuda en el día a día y que conforma nuestra personalidad. Por otra parte, la premisa lógica es que el tiempo no funciona así y que alterar los acontecimientos del pasado, no cambiaría un ápice nuestro presente. Aunque bien podríamos poner a prueba la retrocausalidad, desde la física cuántica y entenderíamos si tal hazaña es posible. Mientras tanto, volveremos a poner el foco en la madurez o inmadurez que se desarrollan a lo largo de la vida.
La madurez procede a aquel cambio de mentalidad que estalla en la adolescencia y se mantiene a bien entrada la edad adulta. Según la Fundación Clínica de la Familia, alcanzar la madurez implica salir de nuestra visión egocéntrica para comprender que vivimos en un mundo que a menudo nos pondrá a prueba y que no siempre satisfará nuestras expectativas, ilusiones y necesidades. Cuando maduramos somos capaces de vivir en paz en ese mundo, aceptando todo aquello que no podemos cambiar.
| Lo que resistes, persiste. Lo que niegas, te somete. Lo que reprimes, te obsesiona. Lo que aceptas, te transforma |
Carl Gustav Jung
El salvajismo emocional hecho adolescencia
El pasado no se puede cambiar, por mucho que nos gustara volver a ser niños/as o adolescentes y tener una segunda oportunidad para revivir todo aquello que vivimos con las personas con las cuales lo vivimos. Una segunda oportunidad para enmendar nuestros errores por el simple placer y curiosidad de ver cómo alteraría a nivel de fantasía nuestra actual realidad. Pero la realidad es como es y no cómo nos gustaría que fuera. Tantas y tantas veces hemos oídos la frase: “nunca llueve a gusto de todos”.
La inmadurez es una cualidad inherente a la niñez y la adolescencia, pero no exclusivamente de esas etapas. No por ser más joven, vas a ser automáticamente menos maduro que una persona más mayor que tú o no por ser más mayor, vas a ser por arte de magia una persona madura, coherente y sensata. Resulta a veces doloroso comprobar cómo el paso inexorable del tiempo y el peso de las decisiones va poniendo en el tapiz de la vida, personas que estarán unos segundos, minutos, horas, días, meses o años. Todas y cada una de ellas, dejarán en menor o mayor medida su impronta en nosotros y ello, poco a poco, como una pieza de coleccionista artesanal, irá conformando el tamiz de nuestra personalidad.
Los entresijos de la adolescencia se urden como un fuego con voluntad de inmortal que convive más con fantasía que con realidad. Un alma que está aprendido a golpes de latido cómo funciona el mundo, las personas de su alrededor y su propio ser. Es un proceso lento, arduo y lleno de sufrimiento. Una auténtica odisea por la cual es necesario pasar para de-construirnos para volver a construirnos a nuestra voluntad.
En esa etapa, nos permitimos el lujo de malgastar nuestro preciado tiempo de vida porque difícilmente somos capaces de ver más allá de nuestro metro y medio. Tenemos demasiadas preocupaciones como para ser capaces de hacernos cargo de algo más que de nosotros mismos. Nuestra mente es un abismo de emociones negativas que navega a la deriva de la realidad, hacemos lo que podemos con lo poco que sabemos a lo largo de toda la existencia. Caemos en el error de culpar a los padres, cómo símbolo de rebeldía y autoafirmación. No comprendemos que ellos lo hacen lo mejor que saben y lo mejor que pueden y que como nosotros, tampoco han aprendido lo verdaderamente importante para estar en paz consigo mismos.
La comprensión de la experiencia
Tendemos a caer en esa tendencia de criticar lo negativo de todo y de todos, como si inútilmente eso fuera a cambiar automáticamente a las personas de nuestro alrededor o fuera a cambiar la realidad. Pero cuando pasamos ciertas cifras de edad de la etapa adulta, vamos entendiendo de manera más o menos amarga, que la emocionalidad tiene un límite y que nuestros esfuerzos se desgastan con el paso del tiempo. Que ya no somos aquellas personas inocentes que rebosaban luz, que tenemos un lado oscuro que hay que aprender a gestionar sino queremos que nos hunda en la miseria más insensible.
Puede que necesitemos creer en algo o no. Puede que eso sea necesario o no. Puede que sea más sencillo vivir si vemos el futuro como un ente benevolente que al final nos traerá paz, puede que esa forma de ver la realidad se demasiado poco realista, no lo sé… Pero, inevitablemente nos preguntamos: ¿de qué sirve ser realista sino te ayuda a vivir mejor?
Puede que no se trate tanto de porqué hay que madurar, sino para qué.

por El despertar de la mente | 4 Ene 2024 | Blog
Es curioso como el tiempo y nuestras decisiones nos va definiendo conforme avanzamos en la vida. Esta mañana leía una frase tal que así: “la vida es el arte de dibujar sin borrar”. Cuán importante son las decisiones que tomamos en la vida dentro de una infinidad de posibilidades ante cualquier elección que hacemos. Es como si fuéramos avanzando por una tela de millones de hilos, nosotros con nuestro día a día, vamos recorriendo un hilo y cada decisión importante en la vida nos hace cambiar de hilo de manera consecutiva.
Cuando somos más jóvenes, nos creemos con el derecho de desperdiciar tiempo y energía porque no somos capaces de apreciar el verdadero valor de la vida y de que tiene un final. Cuando crecemos nos damos cuenta, gracias a los trompazos con los que vamos definiendo nuestra existencia, que para bien o para mal, ser adulto, significa hacerse cargo de las consecuencias de las decisiones que tomamos.
Pocas cosas nos cambian la vida tanto y a tantos niveles, como el amor. Sigo pensando que el amor es la “asignatura pendiente” del ser humano. Qué fácil es confundir apego con amor y qué fácil es caer en la dependencia emocional hacia una persona que nos importa de verdad.
Lo hicimos lo mejor que supimos
Recientemente, tuve una paciente adulta, casada y con dos hijas, con la cuál conversaba acerca de las relaciones de pareja y los problemas que tenía con su actual marido. Problemas que llevan arrastrando años y por lo que, como no podía ser de otra manera, les hicieron vivir el aspecto más doloroso de la dependencia emocional. Cuando tengo pacientes adolescentes, les intento comunicar la importancia de aprender a quererse a uno mismo primero, para poder querer bien a los demás.
Volviendo a mi paciente, esta mujer comprometida y decidida a tener una mejor vida a partir de ahora; me decía que últimamente había retomado el contacto con un antiguo amor del pasado. Este hombre, que en su momento quería tener una relación estable con ella, pero ella no quiso estar con él por diversos motivos. Sin embargo, a día de hoy, al verle felizmente casado y con dos hijos, ella argumentaba amargamente que debería haberse casado con él entonces y que, no entendía como había podido rechazarle entonces.
La pregunta que lo desencadenó todo
De la mejor manera que supe, le explique a la mujer que ya no era la misma persona que cuando tenía veinte años y que ahora, tenía una sabiduría que le permitiría tomar decisiones desde una sensatez más madura. Que no tenía ningún sentido que se victimizara o se reprochara por no haber elegido a esa persona en vez de a su actual marido.
De repente, con una cara que reflejaba inocencia y tristeza, me preguntó: ¿por qué no queremos a quién nos quiere? No supe responder inmediatamente, porque la gravedad de la pregunta me obligaba a reconsiderar lo que sabía sobre las relaciones de pareja y el verdadero peso de las decisiones que tomamos con respecto a personas que amamos. Cuando recuperé la compostura, entendí que esa pregunta no tiene una respuesta correcta ni incorrecta, sino que depende de cada cual, entender en qué punto de nuestra vida estamos y tener claro qué queremos.
Otro momento impactante de la sesión vino cuando le hice la misma pregunta que me había hecho a mí. A lo que ella respondió: “yo no lo quería tanto a él como él a mí”. Esa respuesta fue toda una declaración de intenciones para la mujer y vino a refrescar la moraleja de la sesión: de nada sirve que nos torturemos por algo que no podemos cambiar, sino que lo verdaderamente importante es lo que vamos a hacer a partir de ahora.
Más aún, no tiene nada que ver lo que queremos, con lo que necesitamos. Hacer esa distinción en relación a lo que deseamos en cada momento de nuestra vida, nos puede ahorrar más de un disgusto.
Quiero vs necesito
Si nos retrotraemos a la adolescencia, percibimos la realidad de una manera diferente a cuando somos adultos. Valoramos unas cosas distintas y priorizamos unas cosas frente a otras. Resultaría frecuente y comprensible que, desde ese punto de vista, pensáramos que esa persona que quería amarnos a través de una relación de pareja, no fuera suficiente para nosotros. O que pensáramos que podríamos elegir a alguien mejor por nuestra belleza, estatus, intelecto, prioridades, expectativas…
Lo que puede que no viéramos en aquél entonces, era que el tiempo pasaría y que, sino tomábamos esas decisiones, al final, ellas decidirían por nosotros. O lo que es peor aún, acabaríamos viviendo una vida que se esperaba que viviéramos o lo que se suponía que teníamos que hacer para ser felices.
En este punto de tu vida, puedes querer ir de viaje, conseguir un trabajo mejor, ahorrar para unas vacaciones, hacer un curso de cocina, arreglar la relación con tu familia etc. Puedes necesitar tener más tiempo para ti, hacer las paces con tu pasado, que tu hijo saque mejores notas o que tu jefe te hable mejor en la oficina… Resulta de vital importancia diferenciar lo urgente de lo prioritario.
El poder de las decisiones
Lo que tanto la pregunta como la reflexión de esta paciente me han enseñado, es que rara vez se presenta el mismo tipo de persona dos veces en la vida y que en el momento tuviste tu oportunidad. Sino la aprovechaste, deberás convivir con ello te guste o no. Puede que ese momento no fueses capaz de ver lo que deberías haber visto o valorado, pero como se suele decir, los trenes en la vida pasan y tú decides si te subes a ellos o los dejas escapar.

por El despertar de la mente | 28 Dic 2023 | Blog
La vida permanece inquieta, decía un alma solitaria. No le faltaba razón. En un mundo en que todo evoluciona a un ritmo vertiginoso, la incertidumbre es una constante que parece no detenerse y esa búsqueda se seguridad por parte de todo ser viviente, se hace más o menos palpable y necesaria.
En 3 décadas, hemos sufrido cambios culturales, sociales, políticos, económicos y demográficos, cuyas reglas de existencia se han visto reescritas para hacerse acopio de encaje. El viejo paradigma de vida se actualiza, pero persisten las reglas no escritas que rigen la vida terrenal. Los preceptos que confirmaban los pasos a dar en toda vida humana, han pasado a mejor vida, o no.
Las reglas eran claras y concisas, todo tenía su momento y había hitos que debías alcanzar y solidificar para ser aceptado como otra persona “normal”. Debías recibir una educación “reglada” en la que entretenerte y aprender las normas “sociales” para saber comportarte con tus iguales. Luego cuando crecías, aprendías a ver la diferencia que había entre educación y civilización.
El punto de ruptura
En plena adolescencia, en una etapa en la que tu identidad se construía poco a poco, ibas aprendiendo cómo creías que eras tú y tu mundo alrededor. En ese momento, la zona de confort se iba haciendo sólida y los temores te afligían para mantener tus pies en el suelo. Seguramente, por miedo o ignorancia, terminarías estudiando lo que tus padres querían que estudiaras o elegirías tu campo de formación. Pero tenías que estudiar algo para ser alguien en la vida, sino te esperaba una dura vida adulta en los campos o en las fábricas.
En esa etapa, si tenías suerte, conocerías a una persona especial que estaría tan perdida como tú y a la que podrías llamar tu pareja. El primer beso, el primer abrazo, la primera caricia y la pérdida irreversible de la inocencia. Todo aquello te haría sentir una vulnerabilidad tan dulce que no querrías que terminara nunca. Por desgracia, ni tú ni tu pareja sabréis amaros a vosotros mismos ni al otro, así pues, de manera inevitable, os precipitaréis a la dependencia emocional, ocasionando una vorágine de sufrimiento que se podría prolongar o no.
Los problemas emocionales se irían haciendo poso en tu mente y en tu cuerpo, mientras te fueras adaptando a la vida adulta como buenamente pudieras. La clave era encontrar un trabajo para “toda la vida” con el que costearte tus costes de vida y pagar tus caprichos.
Dos caminos se abrieron ante mí…
Puede que sintieras la llamada de la aventura y te embarcaras en viajes para conocer el precioso mundo que te rodea, por el placer de crecer en comprensión y sabiduría. Al tiempo que te ibas conociendo mejor e ibas comprendiendo que todo cambia inexorablemente. Probablemente, conocerías a gente diametralmente diferente a ti que te enseñaría que la vida no era como creías y en mayor o menor manera, dejarían su huella emocional en ti. Dejarías de creer poco a poco en las mentiras que te dejaron en tu puerta y que no te atreviste a cuestionar, pero que, en tu punto de madurez, necesitabas romper para evolucionar.
Se te abrirían dos caminos enfrente de ti, que de una manera u otra iban a definir tu existencia: la búsqueda de libertad o estabilidad. Puede que comprendieras que afirmaciones tales como: “un amor para toda la vida”, “un trabajo para toda la vida”, “una casa para toda la vida” … pasarían a mejor vida y que ya no representaban la realidad.
Sin darte cuenta, esa sensación de ser invencible te dejaría más pronto que tarde y, un buen día, llegaría el día en que soplaras las velas de tu trigésimo o cuadragésimo cumpleaños. Puede que tuvieras una amarga sensación de ¿Qué he hecho con mi vida? Puede que echaras la vista atrás pensando en todas aquellas ambiciones y sueños que creíste que alcanzarías cuando eras adolescente y mirabas al cielo con esperanza de comerte el mundo. En ése preciso instante, entenderías de verdad la diferencia entre el idealismo y el realismo.
Por otra parte, el haber cumplido suficientes veranos, te permitía ir de la mano con aquella presión social familiar y de amistades, que te recordaban que iba siendo el momento de “sentar la cabeza” e ir pensando en hacerte socio del club de los hipotecados para tener tu propia casa. Que el siguiente paso para subir un escalón en la escala social, y ser visto como un ser humano respetable; no era otro que conseguir una buena pareja con la que contraer nupcias y tener rápidamente descendencia para abrazar la madurez emocional en todo su esplendor.
Poco a poco, tu vida dejaría de ser tuya y dedicarías tu vida a ahorrar para tu futuro y tus hijos. El realismo más salvaje e inmisericorde se habría instalado en tu persona para formalizarse en forma de responsabilidades cuya permanencia no podrías detener, aunque te lo propusieras con todas sus fuerzas. Habrías aprendido o no de tus errores, y estarías viviendo la vida que se “suponía que debías vivir” para ser feliz. Durante conversaciones con tus padres o tus amigos de toda la vida, dirías cosas como: “es que no tengo tiempo”, “ya haré ese viaje cuando mis hijos hayan terminado la universidad”, “ya me compraré aquella caña de pescar cuando ahorre más” … 
El despertar
Decisión tras decisión, tu vida iría pasando y cuando por fin, abriste los ojos, tenías sesenta o setenta años y una perenne sensación de flaqueza e indefensión, que no te abandonaría. Los mejores años de tu vida pasaron y llegaste a la conclusión de que desperdiciaste tu vida en una quimera que te vendieron y te sentiste presa de una estafa.
Una persona sabia dijo una vez: “lo más importarte es hacer que lo más importante sea lo más importante”. El tiempo que tenemos de vida, lo canjeamos por dinero, experiencias, sonrisas, emociones, placeres y miedos. No lo recuperamos jamás porque es él quien nos define y nos hace aprender a golpe de latido.
A finales de 2023, sigo teniendo la sensación de que el mundo ha cambiado demasiado y no me veo reflejado en él. Aún perduran en mí valores como los de antaño y sigo creyendo que aún existen personas a las que les importe más observar a los ojos que dejarse seducir por una pantalla de teléfono. Me niego a creer que nadie de nada a cambio de nada y que por mucho que te esfuerces, tu vida no servirá de nada. Sigo pensando que la fe en algo es necesaria, que la vida es simple y complicada a la vez, pero que nosotros somos nuestro peor enemigo. Que lo más preciado de tu vida, puedes perderlo en un segundo y que resulta tremendamente difícil sentirse querido por nadie.
Cuando echo la mirada hacia adelante, me embarga el miedo por no querer saber lo que deparará el mañana, pero con una sensación de querer que mi existencia sirva para algo positivo. Al fin entendí que el sentido de la vida es vivirla y que todos tenemos un propósito y que debemos encontrarlo para dotar a nuestra vida de plenitud. Que todos tenemos virtudes que podremos cultivar por un bien mayor y que es mejor tatuarse en el alma (dependiendo del momento): “todo saldrá bien” o “todo saldrá como tiene que salir”.
por El despertar de la mente | 30 May 2022 | Búsqueda
Necesidad Visceral
Resulta curioso comprobar cómo vivimos nuestra vida. Las decisiones que vamos tomando o no, deciden el rumbo que seguiremos. La motivación que tengamos o no, juega un papel clave en la forma en la cual, vamos a desarrollar las acciones que darán forma a nuestra hoja de ruta vital. Serán muchos los factores que influyan en lo que nos deparará el porvenir; contextos sociales, estilo de crianza, ambiente, genética, amistades que nos iremos encontrando, amores, aprendizajes, errores que vayamos cometiendo, lecciones que aprendamos o no, trabajos que llevemos a cabo, viajes que supondrán ampliación de perspectiva, hábitos que nos definirán y un largo etcétera.
Todas esas vicisitudes que neurona a neurona, tristeza tras tristeza, piedra a piedra, van configurando nuestra personalidad y marcarán lo que llegaremos a ser. Tendremos opciones para elegir, tendremos esperanzas que conservar, tendremos sufrimientos que soportar, tendremos amores que experimentar, tendremos alegrías que explotar, tendremos saltos al vacío que hacer… Necesidad es una palabra que guarda un potencial enorme, muchas veces denostada en vano, muchas veces desconcertantemente instintiva. Como vamos a ir descubriendo, existen multitud de necesidades que exigen ser satisfechas para el mantenimiento de la vida humana y otras, que su cubrimiento es opcional.
Una mirada a los grandes
Abraham Maslow nos propuso en la década de los 70 su célebre pirámide de las necesidades. Aquí le vamos a dar una vuelta y vamos a englobar todas la necesidades, bajo una perspectiva más contemporánea y adaptada, en 4 categorías:
- Necesidad de Trascendencia
En esta macro-categoría, podemos incluir la necesidad de sentirnos autorrealizados con la labor a la que dedicamos nuestra vida y por supuesto, a que dicho empeño cause un impacto positivo y sirva para mejorar la calidad de vida de los demás.
Esta necesidad intelectual puede significar nutrir nuestra mente de aprendizajes y conocimientos, favorecidos por la curiosidad. Otra necesidad sería la de sentirse saludable a nivel corporal, tal y como afirmaba la famosa cita de Bruce Lee: «mens sana in corpore sano».
¿Qué podríamos decir del amor? Esa fuerza de la naturaleza que puede transformarlo o destruirlo todo, sin embargo, bien llevada nos puede ayudar a despertar el potencial propio. Necesitamos sentirnos amados, así como cubrir una necesidad de espiritualidad a través de la fe y la esperanza, tan necesarias en tiempos de crisis. Resulta esencial, aprender a amarnos primero a nosotros mismos para poder así, posteriormente, amar adecuadamente a nuestros seres queridos.
Todas aquellas necesidades que a nivel primitivo, resulta imperativo saciar: hambre, sueño, hidratación, sexo, respiración y equilibrio térmico. Quizá las necesidades viscerales a las que aludimos, necesidades instintivas, sensaciones provenientes de lo más profundo de nuestro ser que nos empujan a ser satisfechas. También pueden estar relacionadas con áreas sociales, familiares, laborales etc. .
Llega un momento en tu vida en la que das cierto número de pasos, y poco a poco, vas dándote cuenta de que algo anda mal y que no estás donde deberías estar. Sientes una quemazón en el alma que clama libertad, sientes una vibración psicológica que te avisa que necesitas ir más deprisa, que necesitas mejor tu calidad de vida.

Salto hacia adentro
Lo que negamos nos esclaviza, lo que aceptamos nos transforma. Esta frase me gusta mucho porque imprime una verdad muy real. Pongamos un ejemplo de vida: vamos viviendo nuestra vida y de repente, el día que menos nos esperábamos, fallece una persona muy querida. Al principio, nos negamos a creer que eso es cierto, tomamos cartas en el asunto pensando que estaba bien de salud y que puede que sea un error, luego creemos que fue una injusticia que muriese porque era joven y dejaba atrás a gente importante. Conforme pasan las horas y los días, vamos asimilando la noticia y luego, entramos en el ritual particular de despedirnos de esa persona para siempre. La etapa final del Duelo es la aceptación. Pero hasta que no lleguemos a aceptar dicha tragedia, no nos liberaremos de ese sufrimiento por tal natural suceso.
El peor desenlace, podría ser que entremos en una dinámica psicológica en la cual, neguemos de manera tajante e ineficiente, dicho suceso. En tal caso y si estas decisiones siguen su curso, podemos llegar a desarrollar un proceso de Duelo crónico. En tal caso, el proceso de duelo se vuelve permanente y genera un inmenso sufrimiento emocional y psicológico a la persona que lo padece. También se puede dar el caso de darse a la vez como parte de una Depresión Mayor. Todos hemos vividos una pérdida importante en la vida, antes o después es una etapa por la que pasaremos, nos guste o no. El ciclo de la vida se regenera sin fin. La otra cara de la moneda, es que ese momento de crisis nos dé pie salir fortalecidos, tal y como sucede con la Resiliencia o en el crecimiento postraumático. Pero esto, lo dejaremos para otra ocasión y lo veremos con mucha más profundidad.
Si en algún momento de tu vida, has sentido este impulso que te indica que alguna área de tu vida no anda como te gustaría, que sientes que estás estancado y no sabes cómo salir de este bucle negativo que no te proporciona aquella ilusión perdida de antaño. Estás en buenas manos, porque te vamos a acompañar en tu proceso de alcanzar tu mejor versión. Esa que se encuentra al otro lado de todos tus miedos, esa que tan sólo hallarás cuando salgas de tu zona de confort. Cuando sientas que estás listo para emprender el viaje que comience por ese salto hacia adentro, ese viaje de autoconocimiento que te permita romper las barreras que te fueron impuestas desde pequeño y que conforman el tejido de creencias limitantes que te impiden ver más allá de lo negativo.
Tu siguiente paso
Comprendo que puede dar miedo no saber qué hacer con tu vida, entiendo que puede ser intimidante dejar tu trabajo de toda la vida para hacer un viaje de autodescubrimiento que te lleve al sendero en busca de tus sueños de toda la vida, puedo llegar a sentir esa impotencia de pensar: «quiero hacerlo pero no puedo». Rápidamente, nuestra mente se encarga de hacernos ver todas las cosas malas que supuestamente nos sucederán si damos ese salto al vacío. Pero no nos confundamos, esos pensamientos forman parte de ése MIEDO que se encargará de que nos sintamos paralizados ante esas decisiones. Un gran amigo me dijo una vez que «el miedo te hará más daño que aquello a lo que temes». Con toda la razón del mundo, te invito a que tomes una hoja o un dispositivo electrónico y que escribas punto por punto, cómo te gustaría que fuera tu vida dentro de 5 años.
Analiza si lo que estás haciendo hoy te acercará o no a esa vida soñada tuya. Y te planteo otro pequeño ejercicio que dará comienzo a tu giro de 180 grados: empieza por dar ese paso que no suponga ningún reto pero que te sirva para vencer esa barrera mental. Te regalo un ejemplo: si deseas empezar a cuidar tu cuerpo y mente a través del ejercicio, pero ves un mundo empezar a salir a correr, hacer bicicleta o apuntarte al gimnasio; tu primer objetivo podría ser, que al día siguiente te levantes temprano y te pongas la ropa de deporte. ¿Ves qué fácil? Sin darte cuenta, has roto esa barrera mental que te decía que no podrías hacerlo (MENTIRA). Analiza cuál es tu pequeño primer paso que te llevará a conseguir GRANDES resultados en tu vida personal.
¿Habéis sentido esta sensación? Para mí será un placer leer vuestras opiniones en los comentarios. Esa etapa en tu vida en la que sientes que vas a la deriva en un océano de dudas: trabajos que no llenan, sueldos insuficientes, ambientes tóxicos, parejas carcelarias, amistades interesadas y superficiales, discusiones familiares que esconden ignorancias y miedos, anestesias que conllevan adicciones sin retorno, accidentes de los cuales no vemos el trasfondo, estudios que desaprovechan potenciales, tiempos perdidos en miradas que no comprenden…
por El despertar de la mente | 9 May 2022 | Blog

Dedicado al Universo de The Last of Us y a todos sus enamorados
¿Os gusta la poesía? Escuchar o leer palabras que salen del corazón o la mente, pueden rimar o no, pero si te llegan, probablemente te saquen una sonrisa y un escalofrío. Veréis, llevo escribiendo poesía desde que era un adolescente, y esa herencia emocional me viene por mi abuelo. Pasé muchos momentos con él de niño, pero a mis 9 veranos, lo perdí. Atesoro en mi mente aquellos recuerdos felices con él y cómo me enseñó el arte de la poesía. También jugaba largas partidas al dominó con él y por supuesto, me dejaba ganar, así era de generoso. Fue un referente en mi vida y lo llevo en mi alma para siempre, gracias abuelo por todo lo que me enseñaste. Así pues, tras enamorarme en mi primera relación de pareja, el arte del corazón brotó de mis dedos y escribí mis primeros poemas, puede que no fueran tan certeros y depurados como lo son a día de hoy, pero los describo como un impulso natural. Más aún, en 2014 conocí a Joel y Ellie y sentí que formaban parte de mí. Pensando en lo que he vivido con ellos y en lo que se avecina por vivir, he compuesto este poema dedicado a la obra excepcional del estudio californiano Naughty Dog. Ojalá os saque una sonrisa, que lo disfrutéis.
Padre e Hija
Ojos atraviesan almas desnudas
Forman ramas devastadoras
Lágrimas brotan en batallas olvidadas
Historias imaginadas
Debilidades que perduran
Conexiones que entrelazan vidas
Honores marchitados
Por navajas que danzan
Hongos suponen alimento
Para corazones insensibles
Melodías eternas
Ensalzan disparos experimentados
Egos desmesurados
Desintegran civilizaciones
Condiciones permiten
Oportunidades replicadas
Equipos imparables
Demostrando sus lazos irrompibles
Luchas estériles
Por territorios masacrados
Lobos, milicia, Serafitas y demonios
Chasquidos enmudecen
Miedos ancestrales
Amores virtuales
Crean infinitas comunidades
Redenciones imposibles
Mentiras como rayo atronador
Perdón y superación
Botellas y ladrillos
Alternativas en función
Legado inmortal por Naughty Dog
Este ha sido un viaje del que, estamos seguros, jamás podremos volver
Y con estas palabras, os he transmitido mi deseo más visceral, mis palabras de admiración y respeto profundo al estudio Naughty Dog y al viaje vital de Ellie y Joel. He podido sentir como parte del viaje que nos propone el estudio en ese Estados Unidos devastado por el cordyceps, cómo empatizaba con ellos, cómo sus emociones y decisiones influían en mí y cómo me vi reflejado en ellos. Sus ilusiones, sueños y esperanzas forman el hilo de esas relaciones y cómo sus respectivas personalidades se van forjando con cada golpe de latido. Para muchos de nosotros, The Last of Us es un mundo hostil, pero a él volvemos cuando echamos de menos esos tacos adolescentes, esa brutalidad aprendida, esos chistes malos y desternillantes y esos comentarios tan brillantes de secundarios inolvidables; así pues: -te paso la escopeta- «cógela, qué siga la fiesta».