por El despertar de la mente | 12 Ene 2024 | Blog
Hombre: mentira y egoísmo.
Transitamos por el sendero anárquico y quimérico de la realidad, hacemos lo mejor que podemos con lo poco que creemos saber. Conforme vamos tomando decisiones o, mejor dicho, ellas nos van eligiendo a nosotros, vamos trazando un camino de rosas, lágrimas y empeños a través de milenios de cosecha. El progreso nos empuja y nos manipula, el tiempo nos agrede y nos transforma, el amor nos sana y nos esclaviza, el ego nos tiraniza y nos paraliza, el poder nos corrompe y marchita, el dinero nos seduce y enloquece, el deseo nos drena y conduce a mareas de desecho. La sensibilidad nacida entre espadas, conforma necesidad de emociones gestionadas. La realidad nos cuelga entre gafas peladas. El pasado supone una herencia envenenada que nos condena a la generalización. El presente nos desgrana indemne sin razón. El futuro se nos presenta incierto mientras surfeamos entre continentes de miedo, oscuridad, ambiciones e insensibilidad. Somos el escudo de las malvadas perlas de la fe en su peor momento de atrocidad, más unidos junto a su maternal corazón, lograremos vencer al veneno destructor de la realidad.
Mujer: miedo y venganza.
Nacemos bajo senos de amor, abuso o control. El miedo se instala en nuestro ser, anhelamos aceptación y respeto. Obtenemos superficialidad como objetos. Nuestra biología nos recuerda nuestra opción de destino. Aprendemos a la fuerza que la resiliencia no es una decisión, sino un camino. Algunas perdemos lo que nos es más querido, fruto del amor supremo. Otras sentimos el aplastante e inconcebible peso del patriarcado. Algunas sorteamos la violencia y caemos presas del amor en su mejor complacencia. Verdad y redención se configuran en nuestro seno, encontramos miradas llenas de ambición y consuelo. Vivimos la familia a golpes de diamante y sustento. La naturaleza nos devuelve la serenidad perdida. La actualidad nos brilla a través de la búsqueda de autoconocimiento. La realidad no se puede esconder a nuestra visión transgredida. El pasado nos acuchilla, pero aguantamos los azotes. El presente nos tortura por sexo, género o condición. El futuro sabe a losas superficiales envueltas en codicia, malicia, rencor, ansiedad y corazón. Somos la esperanza de humanidad, la lente que vislumbra eones de naturaleza y realidad.

Hombre: altruismo y sabiduría.
El género/sexo masculino tiene la potencialidad de crear universos gracias a su disciplinada constancia. Pasamos por muchas penurias que configuran nuestra mente. Sorteamos los incisos a golpe de latido y lágrimas de henchido. La maldad puede nacer, pero hay que elegir ser siervos de la luz. Hacer lo correcto nos impulsa hacia adelante, a veces cuesta, a veces su precio es impagable, pero merece la pena por el avance de la humanidad. Liberados fisiológicamente del lastre de la paternidad, opción aturdida por la libertad, caminamos indecisos por el filo del esfuerzo descomunal. Inteligencias emocionales resuenan en paz, son las bases de la concordia mundial.
Mujer: amor y sanación.
La mujer tiene la luz brillante de la humanidad en su seno. Tiene la capacidad ilimitada de irradiar amor de la forma más pura e incondicional que el universo ha presenciado jamás. Ellas son la motivación férrea de la proactividad, carga y legado de igualdad. Se despojan de su ego por una curiosidad fugaz. Se elevan a través de las inadvertidas praderas de la humildad y con su sacrificio y bondad, sanan las heridas de la precariedad. A veces personifican la fe, otras sueñan con volar, otras cumplen sus promesas y generan millones de sonrisas y buena voluntad. Su aspiración es ilimitada y su perspectiva y razón para sobresalir, les acompaña. Su mirada conecta naturalezas y misterios, sus atributos generan nutrición y aliento.
por El despertar de la mente | 12 Ene 2024 | Blog
Seguro que te ha pasado. Un familiar te pregunta: «¿y el novio para cuándo?«, como si ese fuera el objetivo de tu vida. Qué objetivo, necesidad básica para ya poder hablar de otras cosas porque lo más importante está controlado (…). Dejando a un lado los cánones establecidos de esta sociedad en la que parece que si eres soltera después de los 30 algo raro pasa contigo (o, espera, ¡quizás es porque seas demasiado inteligente!), vamos a centrarnos en los beneficios que supone no estar emparejada a partir de esa edad (porque así lo has decidido, porque la vida te ha colocado en esta etapa que estás viviendo o porque, quién sabe, quizás naciste para ser soltera y vivir la vida de esa manera, ¿es que hay que dar explicaciones?).
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por El despertar de la mente | 12 Ene 2024 | Blog
¿Cuál es la diferencia entre oír y escuchar?
Oímos el aleteo de un pájaro volando sobre nuestras cabezas en una cálida tarde de verano, oímos el claxon del autobús mientras esperamos que llegue en una fría mañana de invierno, oímos como caen las gotas de lluvia mientras deambulamos por una extraña noche de mediados de septiembre, oímos el timbre de casa mientras apuramos las últimas gotas de aceite en una sartén mientras nos preparamos un desayuno completo…
Escuchamos a nuestra madre como nos pregunta qué hemos comido mientras nos provoca empatía a través de su preocupación, escuchamos una canción de rock and roll mientras vamos en el coche de camino al trabajo y nos embarga una sensación de poder, escuchamos un te quiero de los labios de esa persona amada y sentimos como la felicidad empieza a anidar en nuestra piel, escuchamos cómo llora un amigo mientras nos cuenta sus problemas y nos fundimos con él en un abrazo de complicidad, escuchamos la dulce simetría de las olas al romper contra la orilla y esa dulce melodía nos calma como ninguna mirada lo ha hecho jamás, escuchamos un ladrido de un pequeño perro por la calle y e inmediatamente, nos transporta a nuestra niñez cuando jugábamos con ése pastor alemán que nos llenaba la cara de lametones y veíamos la felicidad al jugar mientras movía su cola al son del movimiento…
| La diferencia entre oír y escuchar, es la atención |
Podemos escuchar a nuestra mente y obtendremos un día a día conviviendo con nosotros mismos y, por tanto, unos resultados. O, por el contrario, podemos escuchar a nuestro cuerpo, darle lo que necesita y saborearemos otros resultados muy diferentes.
Escuchar música clásica, por supuesto, focalizada en distintos ámbitos de la vida y sus consecuentes tareas, se ha demostrado científicamente que ayuda al procesamiento cognitivo en algunas habilidades humanas. Aunque también existen artículos que tanto alaban, como denostan el efecto beneficioso de la música de Mozart (efecto Mozart), sí podría resultar beneficioso durante el proceso de gestación de un nonato e incluso, en etapas perinatales. Por otra parte, no sólo se ha demostrado que provoca la aparición, mantenimiento o transición de algunas emociones, sino que también se ha visto relacionada con el mejoramiento del insomnio, el afrontamiento eficiente ante algunas patologías y la capacidad para mejorar la memoria a corto plazo y el aprendizaje de idiomas.

El nacimiento de las emociones
La música es una extensión del ser humano, una consecuencia de toda vida orgánica en la tierra, una bendición para la entropía de la mente…
Especialmente relevante en la etapa vital en la cual, nuestra personalidad está en pleno proceso de deconstrucción para su posterior, construcción. En dicho período, recurrimos a la música para aliviar tensiones, para encontrar un refugio emocional, para sentirnos acompañados ante los incesantes “ataques” de la realidad, para acompañar a la tristeza o melancolía tras un desengaño amoroso, para reforzar nuestra efímera alegría, para sentir por unos segundos que la fuerza incesante de la vida no nos aplasta, para sobrevivir a la insensible entropía mental (pensamientos negativos) que puede tener el potencial de destrozarnos…
La mediodía armónica de la música (no cualquier tipo de música), ayuda a aportar orden a los pensamientos que inevitablemente se ciernen sobre el fluyo de nuestra consciencia, nos guste o no. Curiosamente, se produce un fenómeno extraño: cuando nos encontramos tristes, recurrimos a música emocional con carga melancólica bien sea a través del piano, violín o autores cuya temática sea el amor (en su vertiente trágica), sin embargo, olvidamos ponernos música alegre cuando estamos tristes para combatir nuestro bajo estado de ánimo con buena música.
La melodía de la esperanza
A veces olvidamos el verdadero poder que tiene la música sobre nuestra propia biología como seres humanos. En la etapa adulta, llena de responsabilidades, deseos, esperanzas, tiempo etc., también resulta claramente evidente la influencia abismal que tiene la música en nuestro día a día. Escojamos el ejemplo del momento del día, en el cual, nos estamos dando una ducha. Puede que sea al inicio de nuestra jornada, para empezar el día con alegría o al finalizarla, para descargar toda la tensión acumulada y relajar nuestro cuerpo y mente para llegar a la cama, lo más relajados en la medida de lo posible. Durante ese momento, en el cual, el agua cae sobre nuestro cuerpo, resulta muy sencillo, ni siquiera prestar atención a la música que nos hemos puesto para que nos distraiga, sino dejarnos arrastrar por la avalancha de pensamientos que nos sitúan en algún momento del día, en algún conflicto del pasado o en un momento futuro en el cual, vayamos a preparar la cena.
La importancia de focalizar la atención sobre lo que es verdaderamente importante, puede cambiarnos la vida. Depende del tipo de decisiones que tomemos y los caminos que elijamos.
La música, puede ser ese compañero inseparable en los días de vida, en las aventuras de juventud, en las tardes de té y tertulia, en los juegos del colegio, en las madrugadas de pasión, en las noches de estudio, en los mediodías de pesca…
Toda música que proviene del cuerpo merece nuestra atención plena (mindfulness): el latido del corazón, el rugir de nuestro estómago, el crujir de la rodilla, el contoneo del cuello, el eco producido por los espasmos de la pelvis, el sonido que emana de nuestras cuerdas vocales…
Cuando escuchamos la música de nuestro cuerpo, prestamos atención a nuestra persona. Conectamos con la esencia de nuestro ser, favorecemos la espiritualidad y sus múltiples beneficios. La música es el vehículo del alma, démosle el espacio que se merece.
Bibliografía
por El despertar de la mente | 10 Ene 2024 | Búsqueda

1.No exigir que cambie/mejore las cosas que no nos gustan (creer que nos gustaría más si cambiara esas cosas).
En pareja, ciertas reacciones/rasgos/conductas nos hacen de espejo y lo que nos disgusta de la otra persona y no somos capaces de aceptar, puede que sea un reflejo de algo que esta en nosotros y no nos gusta. Pedir con respeto y comprensión: “podrías por favor…”. Diferencia entre pedir y exigir.
2. Dar por sentado que como nos conoce bien, será capaz de “leernos la mente” y saber lo que queremos/necesitamos.
Las personas cambiamos con el paso del tiempo y nuestros gustos, preferencias y emociones evolucionan, conocerse a uno mismo es un proceso de por vida, tu pareja no está en tu cabeza para saber qué quieres o necesitas en cada momento. Primero, ten claro qué necesitas o quieres y luego, trata de comunicárselo de la mejor manera posible.
3. Poner límites saludables de manera recíproca.
Resulta fácil caer en la “estrategia” de quitarle importancia a un problema/conflicto en pareja porque tendemos a creer que encontrar el amor es complicado y resulta más conveniente callarnos a tener una conversación incómoda. La represión emocional no sólo no nos ayudará a que la comunicación en pareja fluya mejor, sino que irá erosionando poco a poco la relación desde dentro. Aprender a poner límites es vital para evitar un daño mayor a largo plazo.
4. Amar desde la libertad y no desde la posesión.
Te quiero porque te necesito vs te necesito porque te quiero. Esa es la diferencia entre dependencia emocional (no es amor, sino un agujero negro de sufrimiento y carencia) y amor saludable (primero me quiero y luego te quiero). Tu pareja no te pertenece ni tú a ella. Los dos elegís mutuamente invertir tiempo, energía y emoción en la otra persona de manera libre y consensuada.
5. ¿Persona completa o media naranja?
“Esa persona es mi media naranja”. Creencias como esa nos llevan de nuevo a la dependencia emocional y a sentir que no somos personas completas y que nuestra felicidad depende de estar con otra persona que nos va a “hacer felices”. Tu felicidad depende única y exclusivamente de ti mismo, tú eres tu único compañero de viaje en la vida.
6. Los problemas se solucionan en el momento adecuado.
Cuidado con no tener en cuenta el poder de las emociones en el momento en que se presentan. Cuando surge un conflicto en pareja, es natural (pero no saludable) dejarnos llevar por la ira, tristeza, asco etc. y podemos terminar diciendo o haciendo algo irreversible. Tener en cuenta que cada parte de la pareja necesita sus tiempos para procesar las emociones y calmarse, quizás no es el mejor momento tratar de solucionar los problemas cuando aparecen.
7. Estar o no estar, ésa es la cuestión.
¿Por qué lo mejor de nosotros se lo llevan nuestros compañeros de clase o de trabajo? ¿Por qué nos permitimos sacar nuestra peor versión con las personas que más nos importan? Cuando entendemos que la energía que disponemos al día es limitada, aprendemos a gestionarla de una mejor manera. Cuando un amor es saludable, puede que estar para ayudar a tu pareja de manera incondicional sea una vía adecuada para cultivar la empatía en vez de la discordia.
8. Del pasado aprenderé…
¿Sirve de algo sacar el pasado en forma de reproches durante una discusión con nuestra pareja? ¿Va a mejorar vuestra relación hablar desde el rencor? No es sencillo perdonar aquello que nos hizo daño de nuestra pareja como tampoco lo es perdonarnos a nosotros mismos por haberle hecho daño, pero hay que entender que una mala discusión cuyo contenido sea “es que tú me hiciste/dijiste” puede llevar a una ruptura.
9. Culpa vs Responsabilidad
Ejemplo 1: “tú tienes la culpa de que…”. Ejemplo 2: “pasó esto entre nosotros, estaría bien que aceptáramos nuestra parte de responsabilidad para encontrar una solución entre los dos”. La palabra culpa encierra una carga emocional negativa muy grande y es muy injusta, dado que nos devuelve a un pasado en el cual no podemos deshacer lo que hicimos. La palabra responsabilidad es la capacidad para actuar desde la madurez y nos sitúa en el presente, donde realmente sí podemos cambiar las cosas.
10. Vamos a hablarlo…
Hablar de problemas pequeños como grandes por WhatsApp o en un restaurante, cine, por la calle o centro comercial no sólo no va ayudar a crear un clima de confianza y serenidad, sino que va a potenciar vergüenzas, miedos, comparaciones etc. Resulta de vital importancia comprender que los problemas de pareja, son de competencia de la pareja y se deben hablar en un entorno privado, seguro e íntimo para llegar al mejor entendimiento y arreglo posible.
11. Valorar lo positivo vs criticar lo negativo
Cuando conduces tu coche hacia el trabajo y de repente, de encuentras en un atasco, ¿vas a conseguir que la situación cambie por tocar el claxon o enfadarte? Cuando somos adultos, no necesitamos que nuestra pareja nos diga diariamente todo lo que hacemos bien para repetir dichas conductas (refuerzo positivo) como si fuéramos niños pequeños. Pero tampoco vamos a conseguir ningún avance en la relación si nos dedicamos a quejarnos de manera recurrente y sin entender el verdadero impacto emocional sobre nuestra pareja y sobre nosotros mismos, el perpetuar dicho reproche.

12. Cuando somos padres: ¿dejamos de ser pareja?
Ser madres y padres cambia radicalmente nuestras prioridades en la vida y nos exige diariamente ser mejores por el bien de nuestros hijos. La rutina que se crea en pareja cuando se es madre o padre, puede llevar a que, de manera natural, se deje de nutrir a la pareja con cenas, viajes, experiencias o momentos de intimidad que fueron los que mantuvieron el amor y la pasión. Si nos convertimos en padres, pero olvidamos que seguimos siendo una pareja, dejaremos de nutrir y cuidar a nuestra pareja y desaparecerán el sexo y los momentos de conexión.
13. La tríada del bienestar
¿Cuáles son los pilares de una relación de pareja? En este humilde espacio de la vida, entendemos que son 3 los ejes que no sólo ayudan a crear una relación, sino a mantenerla:
- Confianza: vínculo que se crea con el paso del tiempo y que, por su naturaleza, resulta maleable y versátil.
- Comunicación: proceso dinámico y cambiante que requiere actualización constante para que todos los elementos de la pareja funcionen adecuadamente.
- Sexo: nexo de comunicación vital que se expresa a través de una diversidad infinita de posibilidades y que depende que cada pareja, encontrar la manera adecuada de expresión y mantenimiento.
14. Elegir adecuadamente
La elección de una persona con la que compartir la existencia puede venir definida por lo que creemos que queremos, lo que creemos que necesitamos, lo que necesitamos ser o aprender de esa persona, lo que buscamos en un determinado punto de nuestra vida etc. La persona que nos elija a nosotros, también va a ver condicionada su existencia para bien o para mal, estando con nosotros. Quizá puede ser mejor elección la que hacemos no dejándonos llevar por caprichos pasajeros, sino por valores y compatibilidades reales.
15. El muro de las expectativas
Las expectativas son creencias irracionales que vertemos sobre nosotros mismos, la pareja y sobre el mundo que nos rodea. Nos alejan de la realidad porque no vemos lo que es, sino lo que “debería ser”. Cuando negamos la realidad y la proyectamos en forma de expectativas, añadimos un filtro negativo más a nuestra visión de las cosas y eso, inevitablemente, distorsiona la estabilidad en la pareja.
16. La visión de la familia política
¿Te gustaría oír hablar mal de la gente que te importa? Tanto la familia propia como la familia política (la de nuestra pareja) pueden ser fuentes de tensión y conflicto. Como también pueden ser fuentes de alegría y apoyo. En el momento en que, por cualquier motivo, se vierten en presencia de la pareja, comentarios despectivos o hirientes acerca de la familia política; estamos abriendo una brecha sustancial que puede llegar a convertirse en un punto de no retorno. En este sentido, podemos ser sinceros, pero siempre y cuando nuestro “comentario” se haga desde el respeto y vaya acompañado de una propuesta que mejore la situación o el conflicto existente.
17. Negociar para evolucionar juntos
Tanto desde el marco de la no convivencia como desde la convivencia misma, mantener una relación de amor saludable con la pareja, pasa por una negociación diaria. Esto es, encontrar juntos lo mejor para ti, lo mejor para mí y lo mejor para los dos en todas y cada una de las decisiones que haya que tomar. Desde qué día nos vemos, en qué momento de la semana limpiamos casa, hasta en qué invertimos el dinero en común.
18. Egoísmo vs Empatía
¿Qué es lo mejor para ti? ¿Qué es lo mejor para mí? ¿Esto que estamos haciendo supone un ganar ganar? A veces el mayor acto de amor que podemos demostrar a una persona que nos importa, es dejarla marchar. En una época en la que el individualismo salvaje impera en las relaciones sociales, no es sencillo encontrar a personas tanto dentro como fuera de la pareja que más allá de ver por sí mismas, sean capaces de poner su tiempo, energía y emociones al servicio de algo más grande que sí mismos. El amor implica sacrificio, pero también constancia y esfuerzo constante. No se trata de una lucha ni de quedar por encima del otro, sino de estar dispuestos a cocrear un proyecto de vida en común en el cual, los dos vayamos en la misma dirección emocional y vital.
Bibliografía
por El despertar de la mente | 8 Ene 2024 | Blog
El tiempo se nos escapa entre los dedos de las manos. El tiempo nos recuerda de manera persistente e inexorable, que quizás vale la pena de vez en cuando, pararse y ver que estamos muy lejos de la costa. En qué punto de nuestra vida estamos y si estamos yendo en la dirección que quisimos ir desde un inicio.
Pocas cosas nos otorgan perspectiva y desde un eje tan profundo que el propio tiempo de vida. Por supuesto, la experiencia también es un factor clave a la hora de obtener de forma fehaciente una perspectiva de vida, pero también conocer otras culturas y gentes diferentes a la que tienes en tu ciudad o país, también puede ser un punto de enriquecimiento a tener en cuenta.
La percepción del tiempo
El tiempo es un constructo social y como tal, es el ser humano el que dota de sentido y valor a este fenómeno. Medir el tiempo de vida y la calidad del mismo, resulta un pasatiempo del que podría resultar difícil despegarse. Tendemos a afirmar que no es la cantidad de tiempo lo que tiene más peso, sino la calidad del mismo. Pero, ¿a qué nos referimos cuando hacemos tal asunción? ¿Son realmente las experiencias que vivimos las que llenan el tiempo vivido? ¿Los recuerdos esenciales que fueron los que brillaron en aquél momento?
En los tiempos inciertos en que vivimos, ¿se sobrevalora la juventud? ¿se infravalora la vejez? ¿se denosta el paso de los años? Podríamos estar encumbrando a la juventud con frases como: «juventud, divino tesoro». Resulta evidente que no es lo mismo ser joven que sentirse joven. Otra frase recurrente: «la juventud está en la mente». Ser joven por edad cronológica, por ejemplo: «en unos días cumplo 21 años» o por edad mental o madurativa: «me siento mejor conmigo mismo desde que me conozco un poco más, los cuarenta me han sentado bien»…
La madurez de una persona no viene dada por la cifra que se puede intuir al leer su DNI. No por tener 60 años vas a ser una persona madura y actuarás con sensatez y sabiduría, como tampoco por tener 18 años vas a ser una persona inmadura y descerebrada. Este fenómeno viene dado por las vicisitudes que vivimos y cómo nos adaptamos a dichas experiencias.
El número que te define
Cuando has conocido a una persona nueva, puede que te sea familiar hablar con ella de los estudios, trabajo, amistades, familia, hobbies, deportes etc. Más aún, un tema que posiblemente compartió un espacio de tiempo entre tú y esa persona, fuese vuestra respectiva edad. Un tema lógico y que según parece, ofrece mucha información de primera mano. Pero cuidado, también ofrece una oportunidad para pre-juzgar. Esto es, pre-suponer que esa persona tiene unas características, gustos, preferencias o inclinaciones por tener una edad determinada. No tiene porque suceder, pero en ocasiones puede ocurrir.
Habrá personas que se sientan ofendidas si un desconocido les pregunta su edad, en los primeros compases de una primera conversación. Habrá otras que estén deseando que se lo pregunten para lucir con orgullo su cifra especial. Otras sin embargo, no otorgaran la más mínima importancia a ese dato personal y no se verán en la necesidad de prestar atención durante la conversación ni un sólo segundo.
Podría ser coherente y lícito que durante una conversación con un/a vecino/a del barrio o con un/a dependiente/a de una tienda de ropa, que pudiese salir a la palestra el tema de la edad, como si fuera una especie de carta de presentación; «hola, me llamo Javier y tengo 37 años».
¿Qué buscamos?
Insistimos, puede ser entendible e incluso divertido, buscar similitudes y puntos en común con la otra persona, que no necesariamente deben estar reñidos por la edad. ¿Es más fácil llevarse bien con alguien de tu edad o edad parecida? ¿es más difícil llevarse bien con alguien mucho más mayor que tú? Son preguntas muy personales que deberá responder cada uno a su manera, por supuesto. Pero como sugerencia, quizá deberíamos centrarnos más en las cosas que nos unen y no tanto en centrarnos en las que nos separan.
En una escena típica del día a día, nos vemos en la cola del supermercado y encontramos a una persona mayor con una cesta medio vacía que espera a ser atendida para pagar sus artículos y proseguir con su día. De repente, al fondo de la fila, se escucha una conversación entre dos personas de cierta edad más reducida, quejándose de la lentitud de esta persona al contar los céntimos de euro para pagar la cuenta. Empiezan a propinar comentarios despectivos y todos, relacionados con la edad de esta persona. Es un escenario triste, pero sucede con mucha más frecuencia de la que pensamos.
Nos olvidamos de que compararnos con esa persona mayor, ver la realidad de nuestro punto de vista sesgado y creer que debería ir más rápido, vilipendiar su valía etc. por ser mayor… Como si esa persona no pudiera aportar nada bueno a esta sociedad, como si su cometido estuviese más que hecho y ya no formara parte de esta realidad.
La edad no debería ser un punto de separación, sino de unión. Todos podemos aportar diariamente actos radiantes de calidad altruista y hacer de esta sociedad una más justa, sana y amable. Insistimos, quizá deberíamos centrarnos más en las cosas que nos unen y no tanto en centrarnos en las que nos separan. Puede que al mundo le haga falta menos crítica y más empatía.
